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Llega la época de la oruga procesionaria: estos son los riesgos para niños y perros

  • 17 mar 2023
  • 4 Min. de lectura

Estas larvas están envueltas por unos pelos que, por su toxicidad, son peligrosos para la salud, ya sea por contacto directo o indirecto


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La subida de las temperaturas marca la proximidad de la primavera y, a su vez, la época en la que las orugas procesionarias (Thaumetopoea pityocampa) bajan de las zonas altas de los pinos. Cuando se está terminando el invierno, estas larvas inician un característico y ordenado descenso hacia el suelo. Su fin no es otro que aprovechar una temperatura ambiental más cálida para construir sus galerías en la tierra y transformarse ahí en polillas.



Sin embargo, este ritual que siguen estas orugas de color naranja negruzco puede ocasionar más de un riesgo. El problema está en que los pelos que las envuelven son peligrosos para la salud, ya sea por contacto directo o indirecto, pues poseen una sustancia que le confiere capacidad urticante; en concreto, una toxina termolábil. Su nombre es Thaumatopina y es una proteína formada por dos subunidades, Tha p1 y Tha p2.



No es que estos insectos vayan con intención de picar. También son capaces de esparcir sus pelos cuando se sienten amenazados, flotando estos en el aire y alcanzando a seres vivos y animales, a los que produce irritación en oídos, nariz y garganta o desencadenar intensas reacciones alérgicas. En casos extremos, el contacto con la toxina de esta oruga puede incluso causar ceguera o la muerte, lo que representa un grave peligro para la salud pública. Y es que es en esta época, desde febrero y antes abril, cuando estos insectos proliferan en campos y parques en los que se hay pinos, frecuentados normalmente por niños y animales domésticos que pueden sufrir graves problemas que deben tratarse de urgencia.


¿Cómo afecta la toxina de la oruga procesionaria a los niños?

Todos los seres humanos corren un grave riesgo ante la toxina que desprende la oruga procesionaria, aunque los niños siempre son el sector de la población más vulnerable. Al coincidir en campos, jardines o parques, pueden inhalar los pelos del insecto y, por ende, su veneno, lo cual podría provocarles urticaria o reacciones alérgicas. Corresponde a los adultos extremar la precaución en este tipo de zonas, controlando que los niños se mantenga alejados de los pinos en esta época.



El nombre de oruga procesionaria viene dado por la manera en la que se desplazan. Siempre en fila, en cadena, simulando una procesión, lo que unido a sus tonalidades anaranjadas atrae a los más pequeños, que las tocan para saciar su curiosidad. Ese contacto es el que produce una posterior urticaria o dermatitis, causando además un enorme picor en zonas como el cuello, en las palmas de las manos y los espacios interdigitales.


Un tratamiento inmediato en caso de contacto con los pelos de esta oruga es aplicarse hielo, pudiendo también optar por algún antihistamínico o antiinflamatorio. No obstante, hay ocasiones en las que los niños no son conscientes del contacto, normalmente cuando se produce de manera indirecta, por cercanía con la zona. Si aparecen síntomas (habones, malestar y/o hinchazón) y hay constancia de que en las 24 horas previas el pequeño ha estado en una zona de pinos, lo más conveniente sería acudir al médico, quien trata normalmente estos casos a base de corticoides, como el Urbasón.


¿Qué riesgos corren los perros ante estas orugas procesionarias?

Si los profesionales de la salud han mostrado su preocupación por los peligros que suponen los pelos de las orugas procesionarias para los niños, los veterinarios también han coincidido en su gravedad para los perros, para los que incluso puede ser mortal. No solo estas mascotas, sino otros animales domésticos, como los gatos, pueden verse afectados por la toxina de esta larva. Este caso es diferente al de los niños, pues el problema aquí está en que pueden ingerir el insecto y tragarse todo el veneno, provocando una necrosis en garganta y lengua.


Si el contacto del pelo de la oruga se produce en las mucosas o en los ojos de un perro, los síntomas suelen ser picor, urticaria y sensación de quemazón. Incluso pueden comenzar a babear y a rascarse la zona de la boca si tocan la zona afectada. Todo ello produce que la piel del animal se dañe y le salgan ampollas.



Como medida, en caso de que se produzca el contacto, lo primero que se debe hace es acudir al veterinario cuanto antes. Si no es posible, al menos habría que lavar la zona afectada con agua fría para diluir la toxina. Los profesionales hacen especial hincapié en el riesgo mortal que puede suponer el contacto con estas orugas para muchos animales. De ahí la necesidad de evitar que las mascotas se acerquen a lugares donde abunden los pinos o, al menos, intentar darse cuenta a tiempo de que se ha producido un contacto.

 
 
 

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